GÉMINIS

21 de Mayo ‑ 20 de Junio


Trabajo de Hécules - El Mito

 

Recogiendo las Manzanas de Oro de las Hespérides

Lejos, en una región distante, crecía el árbol sagrado, el árbol de la sabiduría, y en él las manzanas de oro de las Hespérides…a Hércules, se le dio  la orden de buscarlas, pregunto al Maestro el camino para encontrar el árbol sagrado y recoger las manzanas.

¡Muéstrame el camino más rápido y YO iré!”

"No es así, hijo mío”, replicó el Maestro, "el camino es largo. Sólo dos cosas te confiaré, y luego a ti te corresponderá probar la verdad. Recuerda que el árbol sagrado está bien custodiado. Tres hermosas doncellas aprecian el árbol protegiendo bien su fruto. Un dragón de cien cabezas protege a las doncellas y al árbol. Guárdate bien de la fuerza demasiado grande para ti, de los engaños demasiado sutiles para tu comprensión. Vigila bien. La segunda cosa que te diría es que tu búsqueda te llevará donde te encontrarás con cinco grandes pruebas en el camino. Cada una te proporcionará el ámbito para la sabiduría, la comprensión, la destreza y la oportunidad. Vigila bien. Dios te acompaña en tu búsqueda".

Pasó a través del tercer Portal, hacia al norte. Anduvo buscando el árbol sagrado, pero no lo encontró, nadie conocía el lugar. El tiempo pasó. Triste y desanimado, buscaba, por doquier.

El Maestro, envió a Nereo. Éste, vino repetidas veces en forma variable, pero Hércules no respondía. Nereo fracasó, pues Hércules estaba ciego. No reconoció la ayuda tan sutilmente brindada.  "La primera de las cinco pruebas menores ha pasado", respondió el Maestro, "y el fracaso caracteriza esta etapa. Que Hércules prosiga".

Hércules volvió hacia el sur y en el lugar de la oscuridad continuó con la búsqueda. Anteo, la serpiente, le encontró en ese camino y luchó con él, venciéndole en todas las ocasiones.

"Ella custodia el árbol”, dijo Hércules. Luchando nuevamente con todo su poder, asió la serpiente con ambas manos, elevándola en el aire y alejándole del suelo. ¡He aquí la hazaña fue hecha!: Anteo, vencido, dijo: "Yo vengo otra vez con diferente apariencia en el octavo portal". La segunda prueba ha pasado. El peligro ha sido superado.

Se volvió hacia el oeste ahora y, al volverse, encontró el desastre…allá encontró a Busiris, el gran engañador, hijo de las aguas. Su trabajo es conducir a los hijos de los hombres al error, a través de palabras de aparente sabiduría., diciendo: “Yo soy el maestro. A mí me ha sido dado el conocimiento de la verdad y debéis hacer sacrificio por mí… ". Y Hércules obedeció, debilitándose su entusiasmo no procuraba conseguir el árbol sagrado. Su fuerza se agotó. El adoró a Busiris, y aceptó todo lo que éste dijo. Su debilidad crecía día tras día, hasta que llegó un día en que su amado maestro le amarró a un altar… un día vinieron a su mente unas palabras dichas por Nereo…: "La verdad está en ti mismo. En ti hay un poder, que es la herencia de todos los hijos de los hombres que son los hijos de Dios", yació prisionero en el altar, atado a sus cuatro esquinas por un año entero. Enton­ces, con la fuerza que es la fuerza de todos los hijos de Dios, rompió sus ataduras, asió al falso maestro y lo ató al altar en su lugar.  "La tercera gran prueba ha pasado... Que siga adelante en el sendero y aprenda el secreto del éxito".

Un grito de profundo dolor hirió sus oídos... ¿Debía él proseguir su camino, o debía buscar a aquél que parecía estar en necesidad y así retrasar sus pasos? Encontró a Prometeo encadenado a una roca, sufriendo horribles agonías de dolor, causado por los buitres que picoteaban su hígado. Él rompió la cadena que le sujetaba y liberó a Prometeo, cuidando del hombre enfermo hasta que se hubo recuperado de sus heridas.  "La cuarta etapa en el camino hacia el árbol sagrado ha pasado. No ha habido retraso. "Él ha cumplido bien. Que continúe con las pruebas".

Buscó el árbol sagrado, pero no lo encontró .Oyó el rumor de un peregrino "cerca de una montaña distante, el árbol sería encon­trado". Pero, nuevamente, fue retenido. Atlas le hacía frente, tambaleante bajo la carga de los mundos sobre su espalda, no pedía ayuda; permaneció encorvado por el dolor, por el peso de los mundos. Hércules, temblando, observó y estimó la medida de la carga y el dolor. Olvidó su búsqueda…quitó la carga de los hombros de su hermano levantándola sobre su propia espalda. Cerró sus ojos, asegurándose con esfuerzo, y ¡he aquí! la carga rodó, y él se halló libre, y también Atlas.

Delante de él estaba el gigante y en su mano sostenía las manzanas de oro, ofreciéndolas, con amor, a Hércules. La búsqueda había terminado.

Las tres hermanas sostenían más manzanas de oro, y Eglé,  le dijo, dándole una, "El Camino hacia nosotras está siempre marcado por el servicio. Actos de amor son hitos en el Camino". Erytheia, le dio una que en su costado, con luz, tenia escrita la dorada palabra Servicio. "Recuerda esto", dijo, "no lo olvides”.Y Hesperis: "Sal y sirve, y anda por el camino de todos los servidores del mundo, de aquí en adelante y por siempre jamás".

"Entonces yo restituí estas manzanas para aquellos que siguen la misma ruta”, dijo Hércules.

 El Tibetano (“Los trabajos de Hércules” A. A. Bailey)